Skip to content
vuelta a la rutina con mayor resiliencia

La vuelta a la rutina después de unas vacaciones, cambios laborales o transiciones vitales puede resultar traumática. Suele vivirse de una manera exigente, como impuesta; e implica retomar horarios, hábitos y responsabilidades que exigen energía, motivación y vínculos personales.

El coaching sistémico se presenta como una herramienta de acompañamiento que, con una mirada amplia, ayuda a cada protagonista a comprender cómo interactúan sus hábitos, roles, relaciones y objetivos en los diferentes sistemas de los que forma parte. Sobre todo, la familia, el trabajo y el entorno social.

El papel del coaching sistémico en la transición entre ciclos

Se llama transición de ciclo al paso de una etapa a otra. Por ejemplo, del descanso a la actividad. Siempre implica un cambio de rol, nuevos ritmos y asunción de responsabilidades nuevas o aparcadas. En todo caso, genera ajustes internos y externos que, sin una gestión adecuada, acaban provocando estrés y desorganización.

Desde una concepción sistémica, se entiende que el cambio de rutinas afecta a la persona y a cada uno de sus sistemas: laboral, familiar y personal.

La adecuada adaptación depende de 3 tipos de dinámica:

  • Roles. Son las expectativas propias y ajenas en el desempeño en cuestión.
  • Hábitos previos. Son patrones automáticos que pueden resultar útiles, o no, en el nuevo ciclo.
  • Interdependencias. Las decisiones personales siempre impactan en otros y viceversa.

Afortunadamente, como coach sistémico experimentado puedo ayudarte a tomar consciencia de estas dinámicas. De este modo, podrás elegir rutinas y tomar decisiones más alineadas con tu bienestar y tus objetivos.

Herramientas prácticas para una vuelta a la rutina sostenible

El coaching sistémico es mucho más que mera reflexión; se trata sobre todo de acción consciente aplicada a la vida diaria, Por ello, cuando se trata de mejorar la resiliencia y afrontar mejor la vuelta a la rutina, ofrece herramientas muy valiosas y aplicables.

Estas son las técnicas y los ejercicios aplicables más característicos y útiles de este enfoque:

  • Mapear el sistema personal. Consiste en identificar cuáles son, observar cómo se relacionan entre sí y detectar las tensiones, los desequilibrios y los apoyos entre los planos de trabajo, familia y autocuidado.
  • Revisar y estructurar los objetivos. Deben ser realistas y coherentes, metas profesionales alineadas con las necesidades personales.
  • Trabajar con hábitos. Reconocer cuáles son los que ayudan y los que dificultan la rutina. Hay que introducir pequeños cambios sostenibles y ajustar los ritmos vitales a la nueva dinámica.
  • Dialogar con el sistema. Supone reflexionar cómo afectan las diferentes decisiones a todos los sistemas, ajustar las expectativas y fomentar una comunicación más consciente y clara.
  • Fortalecer la resiliencia. El proceso, que se inicia reconociendo los recursos personales y relacionales, supone normalizar la incomodidad del cambio y aprender a adaptarse sin una exigencia excesiva.

Estas herramientas aportan un mayor equilibrio emocional, incrementan la efectividad y proporcionan una mayor sensación de coherencia y control de la realidad. En todo caso, hay que considerar la rutina como una transición y no como una ruptura. El trabajo de un coach sistémico se concibe, en estos casos, como una guía consciente que permite atravesar este proceso con las mayores garantías. De la mano de mis sesiones, la vuelta a la rutina se vuelve más llevadera, plácida y eficaz. ¿Hablamos?

Volver arriba